
Quisieran mis dedos tocar el tiempo y tornarlo con las yemas hasta atrás…olvidar lo de hoy, quitarme d la mente este amor que me divide, que me parte la razón a la mitad, que sumerge mi claridad, que ahoga la multitud de mi vida…quisiera borrar tus ojos de mi corazón, encerrar el tiempo en una burbuja y echarla al viento para que entre los minutos estallara…morderle la mano al destino para cerrar ventanas al alma…siempre hay razones para desangrarse hasta desfallecer de amor.
Dentro de mi nace este amor mas se suicida cuando razona con frialdad mi ser… ¿será que se puede volar para siempre??... ¿será que el cielo me promete sus ojos si yo espero en silencio sin verlos?…será que el corazón es un arma de doble filo que nos eleva hasta las nubes para luego soltarnos y vernos caer entre las dagas de nuestros propios errores…será que todo esto que tengo se convierte a la nada cuando despiertan mis sentidos…¿¿estoy despierta o duermo??...¿¿es esto una pesadilla o el paraíso de su amor??
Un cactus suaviza mis yemas con su piel…y enclaustrada dentro de mi misma voy secando las lagrimas que brotan de mis dedos…lagrimas que consolidan esta incertidumbre que siento, esta confusión de tanto sentir, este miedo inmenso de no conocerme tan bien…esta agonía de perder algo que crees te pertenece…por dentro me muero sin voz, por fuera reúno oscuridad…todas van a dar al foso de mis miseria…la locura impregnada de este amor.
Cual alacrán termina consigo, lleno mi mano de veneno y doy fin a mi llanto escribiendo la muerte más letal…la que no te mata jamás…la que encierra todo en hojas que el tiempo amarillenta, la que guarda en sus eternos párrafos secretos que solo el alacrán conoce…la que encierra mi vida, el fragmento que sangra de tanto amar…la condena que desconocía, el presagio que no supe reconocer, la vulnerabilidad que no comprendí hasta que la vi…
Se mueren mis parpados; amoratados suplican a dios señales para vivir…pero para seguir muriendo encantada…no quiero olvidar sus ojos…y si ello implicara morir entonces que se cierren las ventanas de mi alma y de muerte el espíritu a mi cuerpo.
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